I. A manera de preámbulo, una pequeña historia
Bajo un primer momento de auto-reconocimiento, pareciendo seguir los pasos de la Alicia de Lewis Carroll, las manos de Angélica Carrasco se posan frente a un gran espejo y ella dirige su mirada sobre si misma y su entorno en el reflejo. Instante de percepción y descubrimiento, se detona entonces un puente entre la realidad de donde ella proviene y el portal que ante sus ojos va estimulando su férrea imaginación, inaugurando para sí misma, en ese acto, el instante creativo.
Su conciencia le pide que se aferre como firme soporte, a sus pies pegados en el suelo y los dedos de sus manos al espejo, que representarían la investigación teórica y la experimental concreta a la que ella es asidua seguidora y ahora promotora. Y es hasta entonces, con ese respaldo, que Angélica, ahora desdobla en el reflejo, se lanza a explorar ese mundo que ahora la acoge, desvaneciéndose para decodificarlo, destruirlo y reinventarlo.
Aventurada ya dentro de este espacio proyectado, que es el campo del arte que ha elegido para des-envolverse, selecciona una variedad novedosa de materiales y sustancias como recursos indagatorios y de intervención; por instantes sus manos, ojos y pies, empiezan a coordinarse con tales recursos, aparentemente de modo inconexo, para tornarse en simbólica danza gestual, sensual y visceral, que plasma en soportes gráficos y que después resultarán estampas, trance extático donde ella va vertiendo signos de expresión que les son ahora propios; logrando en ese efímero e inaprehensible tránsito, lo que hemos llegado a reconocer como libertad de creación.
Corolario de todo este trayecto espectral, Angélica se va estableciendo a sí misma como artífice de una sinfonía visual que pudiera cautivarnos, y podemos percatarnos que en el trayecto nos ha transformado en cómplices, con apenas invitarnos a ser su público espectador, pero siempre y cuando, dicho sea de paso, nos armemos a la tarea de detenernos en observar, analizar y disfrutar de las composiciones que realiza. La puerta de este otro espejo ha sido abierta, queda en nosotros abordar o no esta experiencia. Aquí apenas se ha intentado ofrecer uno de los muchos catalejos posibles, para no ingresar tan desprevenidos, en esos múltiples recorridos visuales que Carrasco nos comparte.
II. Angélica dual. Intento de disección a una creadora
Angélica Carrasco, grabadora mexicana formada en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado la Esmeralda del INBA, va recreando en la medida que le recorre, una dimensión del arte congruente con sus ideas, formación y percepción. Contra viento y marea, cree firmemente en lo que indaga, rastrea y genera, obteniendo piezas de peculiar y sutil belleza.
La obra que presenciamos, es resultado del diálogo incesante e inquietante entre una Angélica dicotómica:
Por un lado, la profesional investigadora, metódica y reflexiva. Quien tras conocer y ejercer los secretos en la manipulación de diversas técnicas del grabado tradicional, obtiene gran dominio en el conocimiento de sus procesos y destrezas. Pero no conforme con ello, se entromete en materiales, sustancias y soportes gráficos experimentales. Materiales todos ellos, que tras diversas pesquisas personales, ella concluye: poseen efectos menos agresivos hacia la salud del ejecutante gráfico. Pero yendo aún más allá, estos materiales y técnicas renovadas, habilitan además alternativos métodos de creación dentro de la gráfica, a la que esta autora denomina la gráfica híbrida, y desenlazan también nuevas posibilidades de registro, textura, economía en tiempo y calidad de imagen, así como tamaño en la estampa.
Por otro lado y de modo paralelo, Angélica es como un demiurgo o arqueólogo de lenguas encriptadas, que parece invocar y despertar fibras olvidadas dentro de lo más recóndito de nuestra psique, al mostrarnos ciertamente en cada una de su obras, cosmos codificados, códices contemporáneos, aparentemente inentendibles; y todo esto a pesar de existir sobre nosotros más de un siglo de modernidad en arte y a pesar de haber incorporado en muchos aspectos de nuestra vida, atisbos de modernidad en variados campos de nuestro aparente desarrollo.
Trabajando con un balanceado menú de blancos y oscuros, siempre variado, armónico y aparentemente simple en su ejecución y resultado, contenido todo ello dentro del formato de la placa y la estampa, o incluso aún, rebasando estos soportes; las manchas, líneas y puntos de diversa densidad, tamaño y forma, van articulando una gramática visual que de despega por completo de la mera representación de figuras, y del mismo modo, trasciende al tiempo o las culturas. Así, eso que ubicamos vagamente como abstracción, es gesto, acento, énfasis o rasgo volcado en la superficie concreta, instaurándose como signos caligráficos primigenios en la obra que ahora vemos; y que no únicamente refieren al caudal de estados de ánimo, sentimientos, complejas pulsaciones y pulcras ideas de la autora, sino con los cuales, liberándonos de muchos de nuestras acartonadas preconcepciones, podríamos identificarnos y gozarlos también, y aún sin ser artistas, con tan sólo dejarnos seducir al recorrer con la mirada, el vaivén y coordinación de formas y ritmos que esta artista fija en sus estampas.
Por todos estos sentidos que van aflorando tras detenerse un poco en revisar, contemplar y reflexionar sobre su obra, es que invito a que degustemos de este alarde de oficio y propuesta que han hecho de Angélica Carrasco, miembro actual del Sistema Nacional de Creadores, y más allá, persistente como comprometida promotora de la gráfica como una disciplina y expresión siempre vigentes.
Alfredo Matus
Barrio de Tepito, mayo de 2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario