La vocación y los empeños de Angélica Carrasco parecían dirigirse en un principio a la escultura, pero un alto en el camino la derivó hacia el grabado. Desde entonces es distintivo de ella en la gráfica un trabajo esmerado, de fuerte personalidad y altísimo nivel plástico. Un trabajo inconfundible: de gran formato, en negros y grises de ricas calidades y que se sirve a la vez que dignifica del neoexpresionismo abstracto.
Angélica Carrasco vuelve ahora a la galería en donde se exhibió por primera vez su obra, en 1993, pronto hará de ello veinte años: la legendaria y entrañable Galería José María Velasco, del Instituto Nacional de Bellas Artes. Vuelve con una obra hecha, que sólo admite perfeccionamiento, pues hace tiempo que está ya dotada, de recursos que conforman una estética, un dominio técnico y un despliegue de originalidad que únicamente son dables en la madurez plena.
De su exposición inmediata anterior a ésta, la que vimos apenas en 2011, su crítico Carlos Blas Galindo afirmó que atestiguaba la absoluta consolidación de su trayectoria y de su lenguaje personal; encontró que su obra es más vital, que su destreza ha devenido virtuosismo y que sus hallazgos técnicos aguardan sólo el manual –escrito por ella- que consigne sus procedimientos.
Angélica Carrasco, la motivan las experiencias de la vida y la necesidad de sentirse viva. Todo puede ser una fuente de inspiración para ella. Ha sabido captar a través de fantásticas imágenes monumentales nuestro mundo y la cultura contemporánea, habitados por el horror, sin orden ni razón, como dijo a la revista The California Printmaker, órgano de comunicación de la California Society of Printmakers, de la cual es miembro desde 1995 y con la que participa en muestras colectivas que se presentan en ciudades de Norteamérica y Europa.
Detrás de su obra personal, lo mismo que de su loable desempeño como maestra y promotora del grabado,
podrían estar presentes de cerca o de lejos y por distintos motivos las figuras de Durero, Rembrandt, Goya, Gauguin, Van Gogh, Rauschenberg, Motherwell, Tápies, Alechinsky, el Grupo COBRA y los expresionistas alemanes.
Angélica Carrasco nos dice que el Instituto Nacional de Bellas Artes la formó. Con ello rememora su paso, de 1981 a 1983, por el Centro de Educación Artística (CEDART), donde cursó el bachillerato; por la Escuela de Iniciación Artística 4, de 1982 a 1985; y finalmente por la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, de 1987 a 1992, donde obtuvo el grado de licenciatura en artes visuales, en
la especialidad de disciplina gráfica.
Miembro del Sistema Nacional de Creadores, ha recibido muchos otros reconocimientos y premios, como se podrá observar en la parte correspondiente de este catálogo.
“Se habla de revalorar el grabado comenta Angélica Carrasco y no es así. El grabado tiene ya un valor, lo que hay que hacer es crear y capacitar un público para él. La nueva lectura que el grabado requiere habrá de ocurrir una vez reforzada la secuencia educación artística, producción autoral, difusión de la gráfica, creación de públicos y de críticos.” Todos estamos de acuerdo con ella. Esta exposición suya, Un despiadado país de las maravillas. Grabado y Gráfica, sin duda contribuirá al logro de este propósito múltiple.
Teresa Vicencio Álvarez
Directora General
Instituto Nacional de Bellas Artes
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